Sáb19042014

   Ciudad de Buenos Aires

Marcha de la Bronca y de la Fe

¿Recuerdan ese tema famoso de “Pedro y Pablo”, titulado: “Marcha de la Bronca”?, famosísimo e histórico, ya que data de 1970.

Si bien la creación o la idea de la canción, era en repudio a la dictadura militar, entiendo que la misma letra se adapta perfectamente a la Dictadura “K”.

El jueves pasado se hizo la Marcha de la Bronca y de la Fe. Bronca, porque claramente la gente está muy cansada, harta de las actitudes de la Presidenta, y de la Fe, porque de alguna manera renovó las esperanzas, de que hay un 46% del país que todavía piensa, y se rehúsa a estar anestesiado.

Honestamente, y de hecho consta en mi nota de la semana pasada, mencioné la Marcha, pero con poco entusiasmo, porque si bien pensaba que asistirían muchas personas, también pensaba que no serviría para mucho.

Tal vez me equivoqué, porque por las repercusiones de la misma, entiendo que por más que la minimicen con declaraciones tan dignas de quienes supuestamente nos representan, le ha molestado al Régimen.

Me pareció muy gracioso, como la “Cadena del Desánimo”, se convirtió en UN SOLO CANAL que transmitió la misma, TN, seguramente el resto tiene pautada publicidad oficial suculenta hasta el 2015.

El oficialismo se preguntaba, qué se protestaba, y pasaba editadas distintas declaraciones de los asistentes.

No había UN solo motivo por la marcha, sino que las distintas voluntades que asistieron, tenían sus distintos motivos para quejarse.

Por supuesto que las decisiones de la Presidenta, irritan de diferente manera y en base a las realidades de cada uno.

Por eso la consigna no era UNA, sino VARIAS.

Cuando Pedro y Pablo cantaban: “Bronca cuando ríen satisfechos, al haber comprado sus derechos”, me recuerda mucho a los Planes Descansar, y a la compra de voluntades que con ellos hace la era “K”.

Cuando dicen: “No puedo ver tanta mentira organizada”, me recuerda al pedido de la Presidenta: “Unidos y Organizados”.

Estimo que la frase: “Bronca porque a plena luz del día, sacan a pasear su hipocresía”, no hace falta comentario alguno, por resultar autosuficiente.

Aunque muchos aseguran que la marcha fue todo un triunfo, yo creo que en parte es cierto, y en parte, el Gobierno la ha utilizado para, al menos por un tiempo, hacernos olvidar de la Tragedia de Once, del Cepo Cambiario, del Robo de fondos del Banco Nación al Banco Ciudad, de Boudou y su karma con la ex Ciccone.

Se pusieron a pensar un segundo, cuando ella siempre en sus reciclados discursos habla de EL, como el creador de este modelo y que ella lo profundiza, supuestamente, que cuando EL estaba a cargo, se podían comprar dólares.

Recuerdan que “curiosamente” fue EL uno de los últimos afortunados que pudo comprar millones.

Ahora hasta la región se ve tan amenazada por el Cepo Cambiario local, que hasta Uruguay actúa como defensa al consumidor de los argentinos y es el único país del mundo donde se valora un 15% más nuestra moneda.

Porque saben que necesitan del consumo de los argentinos para pasar un buen verano, y son un claro ejemplo de que la UNASUR es solo para las fotos, ya que el Cepo Argentino, dicho por los propios uruguayos, afecta a la región.

Pero luego de la marcha, no sé si será mi incansable optimismo joven o estoy comenzando a ver una luz diferente.

Todas mis notas de estos años apuntaban y apuntan  a la necesidad de despertar a  una sociedad que parece anestesiada, y responsabilizar tanto al gobierno como a la oposición de esa aletargada anestesia.

En numerosas oportunidades casi me ganó el desánimo. Desánimo que compartí con mis lectores más de una vez, manifestando mi cansancio por los temas repetidos e irresueltos y la indiferencia de la gente por todo ello.

Hoy comienzo a ver las cosas diferentes, lentamente, pero diferentes. Y no me refiero sólo a la marcha de la semana pasada, sino a sus ecos posteriores, a las cadenas de mail, a la “sensación” -esta vez no de inseguridad-, sino sensación real, de que los ciudadanos estamos intentando hacernos cargo de lo que nos pasa.

Estamos comenzando a darnos cuenta que la lucha del que menos tiene con el que más, no es lo que hace crecer un país. El crecimiento real es el que se basa en  ayudar a que el que menos tiene pueda tener y vivir mejor, no subsistir en base a limosnas con cargo de devolución en votos marcados.

A la hora de reflexionar sobre el poder,  Arendt asegura que “el fenómeno fundamental del poder no es la instrumentalización de una voluntad ajena para los propios fines, sino la formación de una voluntad común en una comunicación orientada al entendimiento. El poder se deriva básicamente de la capacidad de actuar en común”.

Y es muy cierto, el verdadero poder está en la capacidad de actuar en común, y eso es lo que tenemos que aprender loa argentinos.

Actuar en común significa dejar de rezongar los problemas individualmente y aceptar que la fuerza está en la comunidad del esfuerzo compartido.

Parecen verdades de Perogrullo y sin embargo cómo nos cuesta asumirlo.

Nos cuesta tanto, que hasta corremos el riesgo de perder esta nueva oportunidad, bastardeando las próximas marchas con consignas injuriantes que sólo darán pasto a la crítica por parte de los medios oficialistas. 

Escuché decir a la tan desprestigiada Elisa Carrió, que deberíamos buscar un nuevo lugar de unión de los argentinos, porque la Plaza de Mayo está muy marcada por numerosos enfrentamientos, marchas y contramarchas y ha dejado de representar el lugar de encuentro republicano.

Esa plaza se llenó tanto con Perón como con Galtieri, con Kirchner, como con Moyano, por eso deberíamos encontrar un lugar que simbólicamente constituya un nuevo renacer de esta alicaída República.

Claro que no bastará el lugar, ya que por sí mismo no alcanza, debe estar en cada uno de nosotros la idea de la unidad.

Pero unidad basada en el esfuerzo común y no en el mensaje único.

Unidad basada en la libre elección de una forma de vida democrática y no en la parodia de un electorado rehén de su triste subsistencia.

Unidad basada en una educación plural que permita elegir con libertad a las próximas generaciones y no en textos que nos pongan antiojeras sobre nuestro pasado y nuestro presente.

Basta de derrumbar héroes o ensalzar tiranías; la cara de los billetes no arreglará nuestros problemas.

El valor de nuestra moneda es lo que importa para que un país sea respetado en el mundo, pero comencemos por respetarnos a nosotros mismos.

Si de cada cacerola que resonó la semana pasada, quedaran los ecos de estas premisas que estoy proponiendo, entonces sí, creo en una luz al final del túnel.

Juan NEGRI RUBINO

Puntos

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